Miscelánea.
Francisco Javier Contreras
Díaz.
Que no aparezca la duda: un
gajo de nuestra excelsa clase política toda pasión, bondad y sacrificio por las
masas sin distingo por fin, en un meditado acto de meditación colectiva, han
decidido aflojar el paso legislativo. La justificación nos la entregan envuelta
en un sarape a los pies de la bandera nacional: necesitamos tiempo para
realizar proselitismo pues las multitudes les exigen la reelección. Pero no
sólo sus franquicias están de acuerdo en una reelección perpetua y
transgenaracional, como ya sucede, también ese adefesio conocido en el submundo
de la sociología como “sociedad” se une a la idea más original para asegurar el
crecimiento económico, el desarrollo, la seguridad patrimonial y el medio
ambiente, solo por citar algunos rubros que no tienen parangón y ellos han sido
sus creadores y vigías.
Ser diputado de ninguna manera
resulta una tarea fácil o cómoda. Ser representante popular es aceptar
convertirse en luminaria sin centelleos instantáneos, es luz dotada de
conciencia (que no es poco) y su única fragilidad es esforzarse por promover su
veneración incondicional hacia la patria. Ahora solicitan tiempo para una actividad
inútil: abandonar momentáneamente sus complicadísimas actividades legislativas
para disponer de tiempo, espacio y recursos para proselitismo buscando una
reelección que hoy ya tienen en la urna. ¿Quiénes dudarán en arrojarles el
simbolismo del sufragio a nivel tumultuario para que repitan quienes sólo
conocen prodigar milagros para las castas inferiores de Macondistán? Nadie. Su
reelección será la bendición cívica inmerecida por los lumpen que jamás podrán
presumir de lo sublime de su pensar y lo portentoso de su actuar que deja en
calidad de pobres enteleridos a Juárez, Cárdenas, Emiliano o al mismísimo Villa
o a los Flores Magón.
Por otra parte, la felicidad
completa existe. Los escépticos rumian sus emociones y, ante ello, deben de
solicitar asilo en el siquiátrico pues los gobernantes nos han reencontrado con
la fe. No hubo espacio cívico que no estuviera a disposición de las réplicas de
los pesebres de Belén. Las representaciones de la natividad capturaron Plaza de
Armas, oficinas públicas, jardines. Incluso en el centro de la presidencia
municipal de Guadalumpen también se instalaron las santas escenificaciones como
elemento para redireccionar las costumbres educativas de nuestra sociedad. El
gobierno laico cayó abatido ante la contundencia de las preclaras ideas de
aquellos que giraron instrucciones para tapizar con ‘nacimientos’ todo sitio
susceptible para tan noble y didáctico propósito. El clímax fue cuando el niño
Dios de Zóquite fue presentado en sociedad, todo un bendito logro del mercado
religioso. Como valor agregado, a partir de este mes se podrá disponer de las
salas de cabildo en todo Macondistán para bautizos, adoración nocturna,
confirmaciones, canta misas y en las iglesias se podrá pagar el impuesto
predial, las multas de tránsito, permisos de construcción, adquirir actas de
nacimiento o bodas religiosas entre personas del mismo sexo y por lo civil.
La prosperidad no tiene mancha
y las super delegaciones tienen la bondad de disminuir la precariedad y elevar
el índice de desarrollo humano, nunca, pero nunca, politizar y montarse en las
carencias de los escasos jodidos que todavía sobreviven por la infinita necedad
de no subirse al tren del desarrollo. Quienes propalen el bulo de que estas
agencias son de promoción política personal y dinástica. Nada más falso. Hoy en
la ruralidad ya no se padecen limitaciones graves gracias a que los campesinos
residuales ya tienen beneficios del centralismo benefactor materializado en
semovientes, pisos de tierra, techos de estrellas, triciclos, patinetas y
colchones no ortopédicos. Desde este púlpito del anti análisis totémico
aplaudimos la privatización y el monopolio familiar de las super delegaciones,
un maná para los opulentos de estas tierras que ya piden auxilio para que les
regresen a la precariedad. Nuestros menesterosos ahora mueren de éxito.
La última y nos vamos. El
negocio del manejo de residuos se fue al muladar. Las calles balcanizadas, la
suciedad omnipresente junto al deterioro del paisaje urbano. Gobiernos de
“izquierda” donde los ciudadanos son PRI-mero. Una pena.
Enero de 2020
No hay comentarios:
Publicar un comentario