A 94 años de la muerte de Zapata
A más de treinta años de que los gobiernos
en nuestro país aceptaron los lesivos
programas de ajuste impuestos por el Fondo Monetario Internacional y el
Banco Mundial los resultados esperados (crecimiento económico, desarrollo
social, empleo, productividad agrícola, etc.) nunca se concretaron y este país
se convirtió en pesadilla y significó la exclusión social para millones de
mexicanos. Hoy la pobreza se ha incrementado hasta alcanzar más de cincuenta
millones de compatriotas; ante el colapso de la estructura laboral, dos de cada
tres mexicanos hicieron de la informalidad su espacio dónde obtener un ingreso.
La criminalización
de la economía ha dejado millones de jóvenes mal llamados Ninis, que lo son, no
por voluntad propia sino por las condiciones que les impone el modelo de
crecimiento; derivado de ello, se afirma que el narco ocupa 468 mil personas y
genera ingresos por 40 mil millones de dólares, comparativamente superior a los
ingresos de PEMEX que tiene una nómina de 151 mil personas. Según INEGI,
diariamente se incorporan a la informalidad 2 mil 145 personas. Arrojando un
total 14.2 millones de personas que representan el 29,2% de la población total
ocupada (que en septiembre del año pasado eran 48.7 millones).
La economía
mexicana en los últimos treinta años no ha logrado superar un mediocre 2% de
crecimiento en el PIB lo cual significa el mayor fracaso de las política
contracíclicas (y un éxito de los objetivos de las neoliberales), en cambio,
las políticas de privatización ha incidido en la desnacionalización de sectores
claves para el despegue económico del país: la política de privatización de la
energía eléctrica bajo el esquema de “modernización” y de PEMEX al permitirse
la participación de capitales extranjeros; como la venta de los ferrocarriles; carreteras y el rescate
bancario; las malogradas privatizaciones de las líneas aéreas, aeropuertos,
fertilizantes, acero, petroquímica o la minería han cancelado la rectoría del
Estado mexicano
Hoy se criminaliza
el descontento campesino que aun solicita tierra y agua. Hoy la violencia
agraria se manifiesta en la extinción de la banca de desarrollo agropecuario,
la apertura de las fronteras a productos del exterior lo que está regresando al
campesino al vasallaje bajo el esquema del Tratado de Comercio Libre con
Estados Unidos y Canadá. El colapso de la economía campesina ha incrementado la
presión alimentaria que nos ha llevado a la dependencia del exterior con el
respectivo incremento en el déficit de la balanza de pagos. Hoy el campesino
está en vías de extinción patrimonial por los esquemas de producción y
comercialización que ahonda la brecha de productividad en relación a los
productores allende nuestras fronteras. Créditos escasos y caros y las
políticas clientelares de fomento implementados por el gobierno inhiben su
desarrollo tecnológico o desestimulan la reactivación de sus procesos. La
disyuntiva campesina es poco alentadora: endeudarse (y correr el riesgo de
pérdida patrimonial), emplearse en el sector servicios o emigrar.
Bajo este escenario
de la economía que ha modificado el rostro del país exportador de productos del
campo, del país de la autosuficiencia alimentaria, del empleo y la bajo nivel
inflacionario; de este país que se ha transformado en el del Fobaproa, y de los
rescates carreteros, el del desmantelamiento del aparato productivo, del país
de la delincuencia generalizada y la precariedad laboral y la imparable
migración y las esperanzas canceladas deseamos hacer la siguiente invitación. al evento denominado Zapata y el México que nunca imaginó, en patio de Rectoría de la Uaz el próximo diez de abril del 2013
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